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viernes, 24 de marzo de 2017

La gente corriente



Me gusta la gente feliz, la que te regala una sonrisa, un abrazo, o un soplo de brisa. Columpiarme en su mirada, sin pasar por el tamiz.
Hablarle a la Luna, que me cuente algún chisme de ti.
Tú que la ves, ¿dime que está haciendo, es feliz o está sufriendo?
Me gusta la gente corriente, sin doble moral, sin trasfondo, esa gente valiente, que te mira de frente.
Me gusta girar la veleta, viajar, en un rayo de luz, surfear la cola del viento, hacer volar la cometa.
Sonreírle al tiempo, correr, saltar, contar los días y vivir cada momento. Pasar a buscarte cuando recupero el aliento.


lunes, 20 de marzo de 2017

Que difícil



Que difícil se me hace deshacer lo hecho, romper los deseos en pedazos, trocearlos, desmenuzarlos, desterrar las apetencias y encontrar nuevas esencias. Que complicado, es estar callado, mudo, aguantando las ganas de decir, lo que me tiene acogotado.
Algo, que no me venga de vuelta, que pase por tu lado, que te ronde, que te frene, que llame tu atención.   
Que mil o un millón de noches se hagan realidad, que pasen por delante de nosotros, con calma, con esa bella sensación de ausencia de reproches.
Que difícil se me hace no recordarte, no citar tu nombre. Ganar la batalla a los deseos de encontrarte, de tenerte, quizá de amarte.

jueves, 16 de marzo de 2017

Billete al futuro




Me lo enseñan tus ojos, me lo dice tu mirada, me lo confirma tu dulce acidez, tus habilidades, tu testarudez.
Lo que me da la vida, lo que me la quita. Un sueño de verano, un susto, quizás un gusano, o un orgasmo soberano.
Lo que tú me demuestras, lo que te falta, lo que cada noche te sobresalta.
Tu tiempo, tus cosas, los engaños, hay que ver cómo pasan los años.
Sigo andando y por el camino voy encontrando los poemas que ayer, enojado, fui dejando.
El medidor que mide el bienestar, el beso cutre que me dejaste, un abrazo inseguro, aquel extraño adiós. Hoy, por fin, me compré el billete al futuro.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Soñé con una puesta sol





Hoy soñé que la puesta de sol se enamoraba del horizonte. Que acudía cada tarde a su encuentro. Que los anocheceres, eran muy listos, y dejan sus quehaceres, para ver el reencuentro. Los efectos especiales bailaban con los fuegos artificiales, hacían guerras de luces, fallas, bombas de colores y se contaban batallas, batallas ganadas, perdidas, batallas dejadas.
Las ráfagas de viento levantaban las velas, el timón fijaba el rumbo, las estrellas, iluminaban la puesta de sol. Los versos subían a bordo para contar las palabras que le faltaban por rimar
La mitad de los totales, el acabose, el no somos nadie, los encuentros casuales, los festivales y los exámenes parciales.
Y al final, con alegría, el atardecer, busca en la orilla, aquel trozo de poesía.





miércoles, 8 de marzo de 2017

Lo sabemos



Lo sabe el sabio y los sabiondos, los letrados y doctorados, lo saben los listos personajes recomendados, los que habitan en las bibliotecas, entre los libros, estanterías y las mesas, los que deambulan por las hemerotecas, entre periódicos y revistas, al lado de las filmotecas.

Lo sabe el genio de la lámpara, el caballero de la triste figura, el cura del pueblo; el alcalde, el policía y los monjes de aquella abadía.

Lo sabe el espejo cuando me miro y frunzo el cejo, las sombras que me persiguen por las callejuelas, las tachuelas, las curvas, las rectas, las grietas de la pared, los círculos cerrados, los dados redondos y los cuadros nivelados. 

Lo sabes tú que giras, lo sé yo que vibro, lo sabemos todos aquellos que hemos leído el libro.