sin planes, prisa ni destino.
Dejar lo vivido en el andén
y tomar por fin otro camino.
Atrevido, ligero, consciente,
sin cargas, motivos ni equipaje.
No le importa lo que diga la gente,
solo sabe que algo le pidió hacer ese viaje.
Irá donde sea extranjero,
disfrutará del placer de vivir.
No llevará ni «quieros» ni «puedos»,
pero sí ganas de sentir.
Dejó todos los problemas
en el fondo de un viejo baúl.
Hará nuevos amigos y colegas:
¡problemas color cielo azul!
Era simplemente vivir,
caminar la orilla de la vida,
pisar la arena y sentir
que la felicidad se disfruta en
su justa medida.