es la niña de mis ojos,
y el amor de mis amores.
Lo sabe bien quien lo vive,
quienes conocen esas sensaciones.
¿Qué decirte sin caer en boberías?
Guapa, lista, espabilada,
¡un terremoto de la guardería,
la alegría de la casa!
Es esa lluvia fina que moja el tiempo por dentro y por fuera.
Un espejo transparente
ese donde me quiero ver.
Enciende los amores y la vida,
mejora mis días, cambia mis vientos.
Sabe lo que siento,
me lee los pensamientos.
La hija de mi hija me gana con su mirada,
cuando me abraza, cuando me llama.
Es como la luz cremosa de la luna,
ese fuego siempre encendido
que guía mi vida y me tranquiliza.
¡Vaya, cómo somos los abuelos!
Siempre atentos a sus sueños.
Consentidores irreconciliables,
pendientes, complacientes.
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