una vuelta, un susurro.
Un mal sueño me despierta.
¡Vaya, qué largas las pesadillas!
¿Qué hace que no sueñe lo bueno?
Hago noche entre abril y mayo, despierto tranquilo, atento, pausado;
aunque la tarde llega a su hora,
no sé, tengo modorra y desencuentro.
Sueño con calles arriba, calles abajo,
y siempre sueño cerca del mar.
¡Algo bueno tenía que ocurrir, carajo!
Algo bueno me debería de pasar.
El corazón del alma
sabe de lo que hablo.
No necesito cambiar de cama,
pero tal vez cambie de almohada.
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