Miraba en otras constelaciones intentando encontrarte en alguna de ellas.
No sabía qué hacer ni adónde ir.
Al cabo de dos segundos desperté y me di cuenta de que seguías a mi lado, haciéndome la cucharita.
Fui feliz en ese instante, como en todos los instantes de mi vida.
Era capaz de soñar y a la vez vivir el sueño, era capaz de vivir abrazado a ti.
Todas las células de mi cuerpo estaban en alerta cuando te acercabas, sigilosa, como queriendo, como buscando sexo. Y yo me entregaba sin rechistar, ya fuera de noche o de día.
Las olas rompían contra las rocas. La oscuridad hacía brillar el agua.
Tu cuerpo tenía una luz propia,
una luz suave y pálida.
Todo resonaba en el caos de mi cabeza.
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