un viaje solo de ida.
Duró lo que creí una eternidad,
un poco más de una mitad.
Un bonito recuerdo,
un halago y un «te quiero».
Eso sí, a cobro revertido,
como algo que quise pero no he podido.
Duró hasta que desperté,
duró hasta que lo olvidé.
Un regreso a mi soledad,
a esa triste y cruda realidad.
Tal vez sea lo que dura un sueño,
el pellizco de un amor sin dueño.
Fue intenso, sobrenatural,
algo increíble, fuera de lo normal.
Duró lo que tiene que durar,
algo pasajero pero fugaz.
Rápido, raudo y veloz,
tanto que no llegó a ocupar lugar.
Explotó como un volcán extinto
y se apagó antes de empezar.
Fue la voz que no dice nada,
esa mentira de media verdad,
la cáscara que queda de la muerte,
el silencio absoluto y el humo de la realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario