Este es mi pequeño blog, en él escribo mis sensaciones, mis rabietas y por que no, algunos de mis sueños. No pretendo dar lecciones de nada, ni analizar en profundidad, los grandes problemas de la sociedad. Disfruto escribiendo, mezclando y rimando palabras.
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lunes, 2 de junio de 2014
Uriel (Mi vida en el cielo)
Ya llevo cinco días en el cielo y la verdad es que se me han pasado volando, quizás sea la novedad, las ansias por conocer todo o por la compañía de Vanesa. La verdad es que ella me lo hace muy fácil.
Con ella cada día es nuevo, con ella cada día es mejor. Tiene un brillo especial en su mirada, su sonrisa no sabría describirla y me alegra el alma.
Pero una mañana llamo a la puerta una persona y al abrir me dijo: Soy el ángel mensajero de recuerdos.- No sabía que hubiera este servicio aquí- le contesté, -¿puedo pasar?- Me dijo,- tengo que narrarte los recuerdos de la gente que ha pensado en ti-. -Claro le conteste, pase-.
Diez ángeles estaban sentados en una mesa alargada, delante de ellos había una única silla que estaba destinada para mi, allí me senté y los ángeles mi hicieron miles de preguntas, me hablaron de los pros y los contras que tiene ser ángel.
Al irnos mire para Vanesa dedicándole una sonrisa, pero ella no fue capaz de hacer lo mismo, sabía que en mi interior todavía quedaban recuerdos muy fuertes que harían de barrera entre nosotros.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Uriel (El Cielo)
La llegada al cielo fue rápida, el viaje se le hizo
muy corto y ameno. Como en otras ocasiones dos ángeles le acompañaron pero,
esta vez eran ángeles blancos. Eran dos criaturas de una belleza poco común,
con el pelo rubio y rizado.
La puerta del cielo era majestuosa, llamaba la
atención la sencillez de su forma.
Uno de los ángeles llamo a la puerta y al momento
un hombre con cara de buena persona abrió. Su cara era distinta, despedía un
halo de bondad... Al pasar por su lado con una voz extraña, pero preciosa le pregunto
el nombre a lo que él contestó y en su enorme libro recorrió con el dedo hasta
llegar al que debía ser el suyo, luego puso una cruz al lado y le dijo ”se bienvenido”
Al cruzar la puerta una brisa agradable golpeo su
cara, y los tres se encaminaron por un
sendero que corría paralelo a un
riachuelo de aguas cristalinas. Le dijeron que se dirigían a la parada del tren-
cielo ¿Cómo? le dijo él. Veras, aquí no
hay ciudades como en la tierra, vivimos en unos cabañas individuales adaptadas
a la naturaleza que nos rodea, aquí tampoco veras coches, ni carreteras, solo
veras senderos que podrás recorrer libremente en tus pequeños desplazamientos,
para los grandes tenemos un sistema de tren-cielo que circulan todo el día y recorren
todo el cielo, puedes cogerlo cuando quieras, para ello hay unas paradas.
Ahora cogeremos uno y nos llevará a donde vivirás
tu, el camino es largo, con lo que llegaremos esta noche.
El tren cielo llego puntual y se subieron, es un
tren parecido al nuestro pero, no hace ruido y parece que flota, es muy cómodo.
Mientras el tren se dirigía a su residencia, iba
contemplando el atardecer y les hacia miles de preguntas, ellos le contestaban
a todas encantados, siempre con una sonrisa en la cara, luego se quedó dormido hasta
que en un momento escuchó la voz de uno de ellos que le decía,”ya hemos
llegado, despierta”.
Abrió los ojos, se incorporó y se dirigió a la
puerta detrás de ellos. Al salir miró a mí alrededor y su asombro iba en
aumento. -¿Y decís que es de noche?- le preguntó a uno de los ángeles. -Si le
contestó, aquí y ahora esto es noche cerrada,- Vaya- contestó, -pues que noche más
bonita, me recuerda a los atardeceres de la tierra_ si, son muy parecidos, pero
aquí la luz es más brillante y hace este efecto.-
Muy cerquita se veían unas casitas y una playa,
era un sitio muy bonito
Le acompañaron a una de las chozas, que estaban al
pie de la playa y le dijeron que descansara, que mañana vendrían para enseñarle
como se rige aquí la vida y para presentarle a sus vecinos, -gracias- les
contestó y se marcharon.
Allí quedó a la puerta de su choza, contemplando
el colorido de la noche, era rojo intenso, la paz que se respiraba allí no sabría
describirla ni en mil años que viviera.
A la mañana siguiente, muy temprano llegaron los ángeles
y llamaron a su puerta, ya estaba despierto y esperándoles, quizás por la
novedad o por mi nerviosismo.
Buenos días, -ven te presentaremos a tus vecinos-.
La primera cabaña estaba apenas a 50 metros de la mía y al llegar una chica con
una voz muy dulce abrió la puerta. El ángel dijo; -esta chica es Vanesa, será tu
vecina y compañera, nadie mejor que ella para explicarte cómo funciona esto-. –Encantado-,
le dijo mirándola a los ojos, -igualmente- dijo ella dedicándole una sonrisa. Después
de unos consejos, los ángeles se marcharon y los dejaron solos. –Ven-, le dijo,
-ven te enseñare esto- y cogiéndole de la mano recorrieron el lugar, un lugar
de ensueño. Les presento a los vecinos y vecinas y luego se fueron a la playa
que estaba al pie de las chozas. El agua era cristalina, de color azul turquesa
y la arena blanca y fina como jamás había visto una igual.
Mientras paseaban por la playa, ella le iba contando
cosas, como funcionaba esto o aquello. Vanesa es una chica encantadora que ha
conseguido hacerle olvidar algunas cosas en muy poco tiempo. Charlaron y rieron,
se le hizo el día cortísimo.
-¿Te gusta mirar las estrellas?- le dijo. -Me
encanta le contestó-, -pues aquí las veremos todas y más cerca que en ningún
sitio-. En ese momento le vinieron a la memoria recuerdos que todavía seguían
en su cabeza, recuerdos de su vida, de sus amigos, de su gente. Una tristeza le
invadió ¿Qué será de ellos? ¿Cómo
estarán? ¿Se acordaran de mí? Será estupendo se dijo.
Vanesa lo noto y comenzó a explicarle cosas,
quería que su mente se evadiera y lo consiguió.
Ahora están muy unidos, ella hace que se sienta
bien y cada día hacen algo distinto,
pero mejor que el anterior. Así pasa los días, disfruta de la compañía de esta
chica maravillosa y del lugar, de la paz que se repira.
Continuara…
lunes, 26 de mayo de 2014
Uriel (El Purgatorio)
Por fin me han venido a buscar. Dos ángeles
neutros han venido y me han dicho que les acompañe. ¿A dónde me llevan les
pregunté? Al purgatorio me contestó uno de ellos cogiéndome suavemente por el
brazo, pero ven, tranquilo, es solo un puro trámite, agregó.
Después de un viaje que no sabría explicaros
llegamos a una puerta grande, de un color gris apagado. Uno de los ángeles
neutros golpeo la puerta y al poco un personaje vestido con una túnica negra,
la abrió; pasamos dentro y nos señalo otra puerta, invitándonos a entrar allí.
Detrás de esa puerta llegamos a un claustro, bastante grande, con sus columnas y
muchas, muchas plantas, después de caminar un rato, llegamos a otra puerta en
la que ponía “Sala de espera” se
abrió la puerta y allí me dejaron. Me encontré solo en una habitación enorme. En
el centro de la sala no había nada, solo había bancos de madera que rodeaban
toda la estancia, eran bancos decorados con motivos religiosos, muy recargados,
para mi gusto, pero yo no estaba allí para juzgar sino para ser juzgado, así
que obedecí y ocupe uno de esos bancos, recuerdo que sentí un escalofrío debido
a la inmensidad vacía de la sala, pero allí me quede, quieto, inmóvil,
esperando a la espera.
En el silencio de aquella sala, muchas cosas de mi
vida vinieron a mi cabeza, así me hice un examen de conciencia. ¿A donde iré?
¿Qué pasará? ¿Y si por lo que sea me envían al infierno? ¿Podre soportarlo? Eran preguntas que iban y venían.
Al cabo de un buen rato se abrió la puerta y los ángeles
neutros que me habían traído, se me acercaron y en un absoluto silencio se
sentaron a mis flancos. Yo no estaba dispuesto a estar allí callado, necesitaba
saber que iba a pasar. Así que sin más, les hice las preguntas que revoloteaban
en mi cabeza.
A fin uno de ellos levanto y giro la cabeza hacia mí
y me dijo; Esto es el purgatorio, es decir el lugar donde se te juzgara pero al
no tener pecados mortales o grandes pecados, no serás juzgada ni por Dios ni
por un juzgado popular como tu habías solicitado, estarás aquí para limpiar tu
alma de esas pequeñas trastadas que has podido hacer. Luego cuando tu alma este
limpia, te llevaremos al cielo.
¿Y cuanto tiempo estaré aquí? le pregunte. Eso va
a depender de cómo ha sido tu vida en vida, pero no te preocupes, dentro de un
rato te llevaremos a tus aposentos, allí podrás descansar y mañana estarás
mejor y por lo que sé, esto tarda muy poco tiempo.
Al rato, me llevaron a mi habitación, era una habitación
sencilla. Una cama con su mesilla de noche, una mesa, un flexo y una silla eran
los únicos muebles. Allí pasé un día y medio, tiempo suficiente para purgar
esas pequeñas trastadas, las mentirijillas que he dicho o las locuras que he
cometido.
Ahora se que me voy tranquilo y en paz, al menos
conmigo mismo.
Mi destino: el cielo
miércoles, 21 de mayo de 2014
Uriel (Ahora que estoy muerto)
Por su
cabeza revoloteaban varias preguntas ¿Que pasara ahora que ha sabido que estoy
muerto? Se preguntaba, ¿Quién me
juzgará? ¿Satán quizás? ¿Dios? O ¿Un Tribunal Popular?
Vayamos
por partes y hagamos cábalas, dijo para sí.
Si me
juzga Satán ¿que podrá encontrar de mí que haga que me lleven al infierno?
Repasando mi vida mentalmente, creo que no tiene ningún motivo o al menos tan
grave como para que deba ir al infierno. Quizás ¿Cuándo de pequeños hacíamos
rabiar al Sr. Gil?, el dueño de aquella tienda de artículos varios. ¿También
cuando hacíamos burla de cómo nadaba la Sra. Amalia o cuando robamos aquellas Coca
Colas, en el camión que aparcaba los jueves delante de un bar?
Hoy lo
recordaba y se avergonzaba. Sabía que había
hecho trastadas, pero no como para un castigo
ejemplar, más bien eran cosas de niños, pequeñas niñerías, inocentes
inocentadas.
Si me
juzga Dios, continuó. ¿Que encontrara él para llevarme al cielo? Supongo que
las pequeñas gamberradas que pudimos hacer, no serán causa de que no deba ir al
cielo, ahora que lo pienso, estoy intentando recordar algo bueno que haya hecho
y sea digno de citar, no me viene nada a la cabeza. He sido del montón, y no he
destacado ni por ser bueno pero tampoco por ser malo.
Y por
ultimo si me juzga un tribunal popular ¿que pasara? ¿Quienes formaran parte de
ese tribunal? ¿Quizás algunos de vosotros?, ¿tal vez el Sr. Gil o el conductor
del camión de las Coca Colas?, ellos han sido testigos de mis pequeñas fechorías.
¿O quizás alguno de mis compañeros de trabajo?
Si me
dicen que tengo que elegir la forma de ser juzgado diré que prefiero un
tribunal popular, un tribunal en el que
haya gente de todas las condiciones, razas, edades, no importa su condición
sexual, color de la piel o ideas políticas y sólo le pido a ese tribunal que
sean justos, que no se dejen llevar por sentimientos. Sea lo que sea, juzgue
quien me juzgue, acataré el fallo con valentía.
He
soñado, he viajado, he sido feliz, he querido plasmar mis emociones,
sentimientos, he escrito y descrito como escribo y porque. Ahora lo hare desde
esta perspectiva.
Intentare
desde mi posición describir que se siente en mi estado, como es el más allá. Y
si me topo con esa luz blanca, os narraré si es tan hermosa como dicen.
Continuará…
martes, 13 de mayo de 2014
Uriel (La muerte)
Iba camino de la cafetería, pero notaba algo
extraño, notaba como si sus pies no tocaran el suelo, como si fuera flotando,
pero no veía nada raro.
Al llegar, vio que estaba llena de gente hasta los
topes, se acerco a sus amigos, esos con los que siempre toma el café, pero
todos estaban tristes, incluso alguno tenia lagrimas en los ojos y apenas
hablaban. Los saludo pero no obtuvo respuesta, ni miraban para él, ni le
escuchaban ¿Qué está pasando? se preguntó. Hola, les dijo otra vez, a lo que
ellos seguían sin contestarle. Hasta que de pronto una mano se poso sobre su
hombro muy suavemente, se giro y lo vio, era un ser raro, especial, tenía como
una aureola que lo envolvía. Éste le sonrió y con una voz muy suave le dijo,
ven, te mostrare lo que ha pasado. ¿Quién eres? Le pregunto ¿A dónde me llevas?
Sígueme, le dijo sin más ese personaje extraño y misterioso. Viendo lo raro que
era todo, le siguió.
En ese momento, cuando echo a andar, se dio cuenta
de que se hizo el silencio, cruzaron la abarrotada cafetería, la gente gesticulaba,
se reía como si estuvieran hablando, pero no escuchaba sus conversaciones
incluso diría que parecía que no los veían, y realmente así era.
Al llegar a la calle el ser extraño se giro y le
ofreció la mano diciéndole, ahora cierra los ojos y haz lo que yo te diga; decidió
hacer lo que aquella persona tan rara le pedía, así que puso su mano sobre la
suya, cerró los ojos y echaron a andar, caminaron un rato pero seguía notando
algo raro bajo sus pies y le dijo ¿Qué me está pasando? El ser extraño se
detuvo y le dijo, abre los ojos, pero no tengas miedo. Por fin lo vio, estaban
flotando en el aire a un par de metros del suelo. Le entro el pánico y se sujeto
fuerte a aquel hombre; tranquilo le dijo, ahora te lo explico y sabrás que ha
pasado, pero necesito que te relajes. No es fácil le contesto. Lo sé, le dijo,
pero has de aprender a hacerlo, es tu nuevo estado y debes asimilarlo.
¿Mi nuevo estado? Le dijo. Si, le contesto, ven, y
reanudaron la marcha, le siguió sujeto fuertemente a su brazo y al doblar la
esquina, le dijo, mira ahí, señalándole un edificio, veras todo lo que quieres saber,
y así fue. Proyectado sobre la pared de ese edificio, como si fuera una
pantalla de cine se veía a mí mismo, iba por la calle, recordaba haber vivido
aquello y vio como en un momento se desplomo justo al cruzar la calle, en un
paso de cebra, la gente pronto se dio cuenta de que algo había pasado y se
agolparon a su alrededor, alguien llamó a una ambulancia, que llego al poco
rato. Se giró mirando para él, y le dijo ¿me he muerto? Sí, le contesto. ¿Y qué
va a pasar ahora? ¿A dónde iré? ¿Al cielo? ¿Al infierno? De momento no va a
pasar nada, esperaremos órdenes, le dijo. Ahora tendrás que quedarte aquí
conmigo hasta que decidan lo que hacer. Me llamo Amael,
soy un ángel guardián y me han enviado para guiarte en este
estado para ti desconocido, pregúntame todo lo que necesites saber, te
contestaré a todo, te acompañaré a donde quieras ir, siempre y cuando este
dentro de mis competencias.
Continuará…
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