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jueves, 4 de octubre de 2012

Una historia de amor V



El regreso


Era el último día, ambos lo sabían y no querían hacer de aquello una tragedia. Su estancia allí había sido intensa, preciosa e inolvidable.  
Decidieron quedarse en la ciudad, saldrían a dar un paseo, comerían en cualquier sitio y luego pasarían una tarde tranquila en casa.
La mañana la pasaron viendo esos lugares de la ciudad que no habían tenido tiempo a visitar, caminaron cogidos de la mano, hablaron de presente, de futuro y de una vida juntos.
Comieron en un pequeño restaurante, pero la tristeza de saber que ya quedaba poco, hizo su trabajo y después de comer, regresaron a casa.
Se fueron para el sofá directamente, el se recostó y abrió las piernas, ella hizo lo propio y apoyo la espalda en su pecho. Se cogieron la mano, él con la otra le tocaba la cara, intentando memorizarla, grabarla en su corazón. Y allí, entre silencios y besos, hicieron planes, planes a corto plazo.
Luego, la noche fue intensa en todos los sentidos, apenas durmieron, apenas hablaron.
A las seis de la mañana, ella despertó y se dio cuenta de que él no estaba en cama, se incorporo y lo vio sentado en aquella mesita al lado de la ventana. Estaba escribiendo algo, que escondió cuando ella le hablo. Regreso a su lado y le dijo, voy a empezar a prepararme, el vuelo me sale a las 8:30, déjate un poco en cama, luego te despierto para despedirme de ti. De eso nada le contesto ella, te ayudo, te llevo al aeropuerto y me quedo con ese último beso.
Ya en el aeropuerto, después de facturar la pequeña maleta, él con lágrimas en los ojos, echo la mano al bolsillo y saco la nota, la que había estado escribiendo y se la dio. Por favor, léela al llegar a casa, le dijo. Le dio un beso largo, intenso y se alejo por el pasillo sin mirar atrás.
Ella al llegar a casa y con lágrimas en los ojos, saco el sobre del bolsillo, en el ponía Eso que llaman amor, se fue a aquella mesita que tanto le recordaba, saco la carta del interior y la leyó, decía así:
” Cierra los ojos, extiende y junta las manos. Quiero hacerte un regalo, es un regalo muy especial.
Te regalo mi vida, mi mundo, no es gran cosa pero en él encontrarás felicidad, porque hare todo lo que esté en mi mano y mucho más para hacerte feliz.
Encontrarás mucho cariño, quizás porque es lo único que se dar, te lo ofrezco todo, sin fisuras, también hallarás tardes románticas  y divertidas, paseos por la ciudad y noches de…
Compartiré contigo mis sueños, los que tengo cada día y los que tengo que soñar. Los viviremos juntos, haremos que se cumplan, que se hagan realidad, incluso los pintaremos de colores.
Cada día te diré lo mucho que te quiero, te lo diré de mil maneras distintas y en cada una, estoy seguro que  lograré sorprenderte...
Deja volar tu imaginación y ven conmigo, veremos sitios increíbles.
Déjame tocarte, acercarme un poco más, conocerte.
Quiero regalarte mi mundo, mi corazón, mi alma y mi ser.
Quiero ser partícipe de tus alegrías, de tus penas, quiero estar a tu lado, en todos y cada uno de esos momentos, los buenos y los malos.  Quiero arroparte cuando tengas frio, vigilar tus sueños.
En mi mundo encontraras  cariño, amor, pasión, sinceridad, ternura, complicidad y sobretodo muchísimo  amor”
¿Sabes mi vida? Creo que esto se parece mucho a eso que llaman amor

Gracias por estos días.

Fin de la historia de amor


Una historia de amor IV



Días...increíbles

 

Era el tercer día y éstos cada vez eran más cortos, demasiado cortos, la felicidad, estaba en el ambiente, todo eran preguntas, preguntas nerviosas, miradas pícaras, sonrisas; respuestas entremezcladas con saliva, besos, cariño y mucha complicidad. Las noches, eran sencillamente maravillosas.
Como cada día, él madrugaba y hacía lo mismo, el café, las tostadas, el zumo, miraba un ratito por la ventana y luego se acercaba a la cama donde ella dormía plácidamente, la miraba y volvía a mirar. Hablaba con ella, le contaba esos planes de futuro, esos sueños que quería compartir con ella.
Ella al notar el aroma del café, que invadía toda la casa, se despertaba y mirándolo a los ojos le exigía ese beso, el primer beso del día. Venga dormilona, arriba que tenemos muchas cosas que ver y el tiempo vuela.
Desayunaron en aquella mesita, contemplando el parque, veían pasar a la gente que ya empezaba a ir de aquí para allá y entre sorbo y sorbo, esa mirada, ese gesto, ese anhelo de que esto no se acabe nunca.
Luego una ducha larga, abrazos, amor, pasión, cariño, pero ninguna palabra, no hacía falta.
Cuando estuvieron listos, salieron  dar un pequeño paseo por el parque cercano con los perros. Jugaron con ellos, los hacían correr detrás de aquella pelotita roja. Risas, miradas y besos. Luego, regresaron a casa, dejaron a los perros listos, con comida y agua para todo el día, sabían que regresarían tarde.
Con una mochila para los dos, dentro todo lo necesario, partieron a conocer aquella ciudad, que tantas veces recorrió en el Google Eath.
De la mano de la persona que ocupaba enteramente su corazón iba a empaparse de todo, de los rincones turísticos, museos, de ella.
Nervioso y tranquilo a la vez, la iba escuchando, atendía a todas las explicaciones que ella le iba dando con ese hablar meloso típico de ellos, escuchaba esas pequeñas cosas que a veces no vienen en las guías de viajes, (las guías de viaje no besan),  el no necesitaba más.
Quería conocer esa ciudad. Visitaron Valle grande, con su embalse, las Termas del Cerro Bola y el cañón del rio Atuel, luego comieron en el hotel Valle Grande, un sitio increíble, precioso al que prometieron volver.
Antes de ir a casa y ya de regreso en San Rafael, dieron un pequeño paseo por la ciudad, sus calles, su gente, la Plaza del Emigrante, el Parque Hipólito Yrigoyen o el Parque Mariano Moreno, que tiene un pequeño zoológico y un lago artificial donde se encuentra la gruta de la Virgen de Lourdes y se sentaron a descansar un ratito en un banco de la plaza de San Martin, ya era de noche y estaba preciosa.
Era tarde cuando llegaron a casa, al abrir la puerta, los perros los recibieron con la normal alegría de estos. Dejaron la mochila y las cosas y salieron a dar un paseo. Cogidos de la mano él le pregunto ¿mañana a que otro paraíso me llevas?

martes, 2 de octubre de 2012

Una historia de amor III



Cada día



Era primavera, el calor comenzaba a hacer acto de presencia. Como cada día o por costumbre, él se levantaba más temprano, preparaba el café, las tostadas y el zumo para desayunar juntos. Luego, mientras éste se hacía, se sentaba en aquella mesita al lado de la ventana. Desde allí observaba el parque y como no, a ella.
Era el segundo día allí y se sentía como en una nube, no se podía creer lo que le estaba sucediendo, la miraba, la miraba con deseo, con cariño, la miraba con amor.
Ella, debido al calor y a la postura, estaba destapada dejando entrever parte de su cuerpo. El se acerco a ella, se sentó en la esquina de la cama y muy suavemente, deslizo la sabana dejando así, toda la espalda al descubierto. Se acomodo y comenzó a recorrer con su dedo aquella superficie, despacio, muy despacio, iba escudriñando cada poro de su piel.
Notaba como en cada desplazamiento la piel se iba tensando, el bello se erizaba, generaba pequeños pero visibles espasmos de placer que al él le iban excitando casi tanto como a ella. Se agacho lo justo para darle un pequeño beso en mitad de la espalda, la reacción fue inmediata, otro espasmo, mayor que el anterior, como un suspiro de placer.
Ella, que estaba despierta y no quería que aquel juego se acabase, se hizo la dormida, quería más, así que, como si de un movimiento normal del sueño se tratara, se giro de manera que expuso sus pechos hacia él y ocultó la cara para no ser descubierta.
El detuvo su juego lo justo para que ella volviera a acomodarse y  contemplo maravillado aquella nueva zona que ella le presentaba, así que, decidió seguir aquel juego erótico y su dedo comenzó a recorrer  lentamente aquella nueva superficie.
La temperatura iba subiendo, tanto para él como para ella y decidió hacer el mismo recorrido, pero con sus labios, apoyando sus brazos a ambos lados del cuerpo de ella, beso suavemente su ombligo, esto hizo que ella tuviera un espasmo brusco, así que siguió recorriendo y dando pequeños besos a aquella piel que cada vez estaba más tensa. A duras penas ella podía disimular su estado, apretaba las manos debajo de las sabanas, intentando prolongar aquel juego que él había comenzado, los espasmos cada vez eran más y más grandes.
Cuando ella no pudo más, se giro hacia él. Le dedico una mirada mezcla de sonrisa, deseo y amor. Y sujetándolo por las manos, tiro de él hasta que sus labios se juntaron. Lo que vino después es sencillamente indescriptible.
El resto del día, paseos, miradas, sonrisas, gestos de complicidad y besos, muchos besos.


lunes, 1 de octubre de 2012

Una Historia de amor II



El encuentro


Un ruido extraño, como un cuac lo despertó, se había quedado dormido, soñando con este encuentro. Miró la pantalla del portátil y sus ojos se abrieron como platos, estaba leyendo un [privado global] que le decía “hola cariño” no se lo podía creer, era ella. De un salto se incorporó, miro el reloj  del portátil y se dio cuenta de que llevaba 6 horas en Mendoza y se había quedado dormido, todavía no había salido del hotel y todos aquellos paseos y recorridos, habían sido un sueño.
Hola cielo, le contesto, perdona, me he quedado dormido le dijo ¿Qué tal estas? pregunto, intentando controlar la conversación, llevarla a su terreno.  Ahora bien, le dijo, esperando desde hace un rato tu respuesta; si ya veo que has entrado hace quince minutos, discúlpame mi amor, estaba cansado y me he quedado traspuesto delante del portátil, pero ya estoy contigo y sabes qué? hoy te siento muy, muy  cerca.;- mmm, ojala le respondió. Nunca se sabe le dijo él.
¿Estás sola?- claro le dijo. Intentando allanar el camino comenzó a hacerle una batería de preguntas, cosas sobre su vida, su día a día. ¿Qué haces en este momento? ¿Que ves desde tu ventana?  ¿Porque no nunca me has dado tu dirección?, ¿no quieres que sepa nada de ti?. Imagínate que se me diera por tomar un avión y plantarme ahí ¿Qué haría? ¿A dónde iria? ¿Cómo te localizaría? ¿Tendría que preguntarle a cualquiera que viera por la calle, donde vives? porque solo se tu nombre, bueno, también se un apellido, no sé si el primero o el segundo, ah y el nombre de uno de tus perros ¿y luego  qué?¿apostarme en la cafetería que hay en frente a tu portal, esperando a que aparecieras?  le dijo.
Claro que si cariño, seria divino le contestó, y antes de que siguiera le dijo, pero no imposible, imagínate por un momento que es cierto, que estoy aquí, en Mendoza, y no sé como localizarte ¿Qué haría? ¿Charlaríamos por el chat? dime al menos tu dirección y el número del portal, así podre abrir el google Earth y soñar que voy a tu encuentro, porfa.
En un arrebato de amor, le dio su dirección, el número, el piso e incluso la letra, lo anotó todo en un papel y abrió el google Earth y voló, voló a su casa, quería saber que había al lado de tu portal, una cafetería, un taller o una floristería. Quería saber cuan cerca o lejos estaba en ese momento de ella.
Estaba cerca, muy cerca, a dos manzanas. Cariño- volvió a la carga. ¿Y si ahora te apareciera en la puerta de tu casa? ¿Cómo reaccionarias? y dime la verdad.
Supongo, que el corazón se me pondría a mil, te llevaría a casa, y nada más pasar la puerta, te comería a besos me dijo. Mmmmm, eso suena precioso y apetecible, creo que iré ahora hasta tu casa, y le dijo,- estoy ahí en cinco minutos y sin darle tiempo a una respuesta, apagó el ordenador.
Dicho y hecho, en apenas cinco minutos estaba delante de aquella casa, de su portal, se acercó al interfono y pulsó, no sin nervios, el número que le había dado. ¿Si? escucho. Hola Gisela, soy yo, ¿me abres por favor? escucho como colgaba el interfono y nada más; esperó intentando adivinar que pasaba, que había hecho, ¿esconderse debajo de la cama? pero no, en apenas un minuto, a través del cristal, vio como se abría la puerta del ascensor y ella, salía disparada del hacia él, abrió la puerta y en ese momento recibió el abrazo y el beso más bonito de su vida. Ven, le dijo, y tomándole la mano, se metieron en el ascensor, donde el beso fue más apasionado si cabe. ¿Cómo has venido? ¡Estás loco¡- por ti mi vida, le contesto. Llegaron a su casa, cerró la puerta con el pie y se abalanzó sobre él, los dos rodaron por el suelo, besándose, sin dejar de mirarse, con sus manos en su cara, la miraba, no se lo podía creer, estaba con ella, en sus brazos, a un milímetro de ella, su felicidad estaba al límite en ese momento. Los perros hicieron acto de presencia, los rodeaban, ladraban y lamian, fue un encuentro precioso.
Cuando por fin se despegaron de aquel increíble beso, lo llevó al un sofá, y allí le sometió a un bombardeo de preguntas. ¿Cuándo has llegado? ¿Cuantos días vienes? sos un loco, le dijo sujetándole las manos, sí, soy un loco enamorado le contestó, llegue esta madrugada, por eso me quede dormido en el hotel, después del viaje. ¿Qué hotel? de eso nada, te vienes acá, conmigo. No cielo, que pensaran los vecinos, no quiero meterte en un compromiso. No, te vienes acá, a mis vecinos que le den dos piedras.
Espera, voy a llamar al trabajo, me deben unos días y esta es la mejor ocasión para tomarlos, no,- por mí no lo hagas, le dijo,- claro que lo hago, por vos eso es poco. Llamó al trabajo para pedir esos días y después de colgar el móvil le dijo,- mañana tengo que ir a trabajar, para dejar unas cosillas acabadas, pero después soy toda tuya, en todos los sentidos.
Y allí en aquel sofá, la pudo observar bien, con detenimiento, con calma y  joooo, es preciosa, no se cansaba de mirarla, de darle esos pequeños besos que tanto le gusta dar, besos de amor, como él, les llama.
Las preguntas iban y venían, se mezclaban con las miradas, con las sonrisas y con los abrazos. Por supuesto acabaron haciendo el amor como nunca lo había hecho. Eres increíble.

Continuara…?