Con el paso de los años
no podría asegurar
cuántos amigos de verdad me quedan.
Unos se han ido marchando;
otros no saben ni disimular.
Hoy, que se me escapa el tiempo,
estoy en el andén de la historia.
Quién sabe si por bueno,
por fantasma o por demencia transitoria.
El agujero oscuro de la noche,
ese que no tiene fin,
siempre me recuerda lo vivido,
pero también sabe lo pasado.
Ya me empieza a importar medio huevo lo que pase y lo que tenga que pasar.
Los bosques también son oscuros de noche.
La vida no está cosida con plata y oro,
tampoco está envuelta en celofán.
Me queda vivir, disfrutar
y seguir soñando, aunque sea despierto.
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