
Hace unos días que José el de la cafetería que
está debajo de casa, me comento que cerraba el kiosco. Me dijo que Manolo le había
dicho que la cosa no iba bien, que ya no era lo de antes, que ya no se vendían
periódicos, ni revistas, que lo estaba pasando mal desde hacía unos meses y
aunque el pequeño local era de su propiedad, la cosa había bajado mucho.
José estaba preocupado porque no encontraba quien
le trajera cada dia los cinco periódicos que compra y como él unos cuantos del barrio.
Manolo cada día estaba allí, a la puerta de su
pequeño local, paseando por la acera, charlaba con unos, cotilleaba con otros, con
su inseparable cenicero que ponía en una pequeña banqueta al lado de la puerta,
un cenicero blanco, aunque oscuro por el uso y siempre lleno de colillas, Solía
llevar un chaleco azul de Fernando Alonso de su época en Renault.
Fueron catorce años de su vida, catorce años
trabajando cada día, desde las 7 de la mañana, sábados y domingos
incluidos, vendiendo periódicos,
revistas del corazón que por supuesto también leía, coleccionables, alguna
chuchería que otra y no se que más cosas
Con este cierre, el barrio se queda un poco más
desangelado es otro negocio que se cae víctima de esta puñetera crisis.
Y así, cada día, al pasar, miro si la peluquera
tiene trabajo, si el restaurante también. Porque cada día cuesta más llegar a fin
de mes.
¿Cuántos pequeños negocios más tienen que cerrar? Si
no ponen remedio pronto, a este paso muchos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario